'; ?> H. Ayuntamiento Constitucional de Amanalco 2009-2012
H. AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE AMANALCO 2009-2012
"Pueblo con Encanto"
      Gerardo Colín  

 

 
       
     



 
 
 
 
 

 

 


 

 

 




 





  

 
 
Época  Colonial
La noticia de extranjeros de piel blanca llegados en 1519 pronto se difunde por las poblaciones de Mesoamérica y al saber de sus deseos por conquistar la capital Náhuatl, los enemigos del imperio sumaron fuerzas con el ejército español como los de Tlaxcala y así, para 1521 conquistan la ciudad de México – Tenochtitlán y el Valle del Matlatzinco, el primero por Hernán Cortés y el segundo por Andrés Tapia y Gonzalo Sandoval, este ultimo al mando de un ejército de 18 jinetes, 100 infantes españoles y 60 mil indios aliados incursionaría entre otros, por los pueblos otomíes (Jarquín, 2007: 30).
De esta manera las ocho poblaciones otomíes autóctonas de Amanalco fueron incorporadas al nuevo imperio, prosiguiendo su situación de dominio y asignándoseles nombres hispanos: Nshedzensdavi- San Jerónimo Amanalco, Sambastrumi– San Bartolo, Shavishtia – San Sebastián, Ndongo – Rincón de Guadalupe, Tenani – San Miguel Tenextepec, Shamado – San Mateo, Shanoxi – San Lucas, y Shuashua – San Juan.
Para controlar los territorios conquistados, los españoles aplicarían tres aparatos administrativos: para el segmento religioso la iglesia católica, para el sector político las encomiendas y las congregaciones, y para la parte económica las haciendas y el sistema de tributos.
En el sector religioso el vaticano y Carlos V Rey de España decretaron en 1536 para los indígenas profesaran la religión católica, está misión de conversión en Amanalco fue confiada a la orden religiosa de los franciscanosde la Provincia Real de Metepec. Aunque la catequización resulto toda una hazaña porque los Otomíes vivían dispersos y poseían un espíritu indomable notificaban los frailes.
  
 
 
 
 
 
Antiguo Templo de San Jerónimo
Según datos del Volumen de Tierras de 1841 del Archivo General de la Nación, Amanalco fue evangelizado por los franciscanos Fray Bartolomé de Sánchez y Fray Domingo de Flores que vivían en el convento de San Miguel de Zinacantepec, y por iniciativa de estos desde finales del siglo XVI los nativos construyeron diversos templos, como la de San Jerónimo y San Bartolo, la primera elevada a la categoría de parroquia de Amanalco en 1693, inscrita en el Decanato de San Francisco de Asís (sujeta a la Diócesis de México; y desde 1950 a la Diócesis de Toluca), con el fin de evangelizar a los indígenas y erradicar la religión nativa; resultando un sincretismo religioso que aún perdura en la cosmovisión y las ceremonias religiosas de los campesinos (Gobierno del Edo. de Méx., 1973: 13).
En el sector político, las poblaciones otomíes del municipio de Amanalco, conocidas entonces como los ochoPueblos del Monte, primero fueron incluidas en el Marquesado del Valle en 1529, donación que Carlos V, Rey de España, dio a Hernán Cortes para gobernarla como premio de sus hazañas, posteriormente fue incluido en la Encomienda[1] de Zinacantepec, donación que Cortes dio a Juan de Samano para su administración, y de ahí formo la Hacienda de la Gavia.
Instaurado el Virreinato en 1535, quedaron incluidas en la Republica de Indios de San Juan Metepec; para 1593 se introdujo la Congregación de Indios para facilitar la administración y la evangelización, y fueron proporcionados a la Congregación de Zinacantepec, comisión que recayó sobre el mismo encomendero Juan de Samano.  
Mapa Colonial de Amanalco de 1755 (Fuente: AGN: Mapas, Planos e Ilustraciones)

Pero en 1604 el virrey Juan de Mendoza y Luna ordeno la formación de la Congregación de Amanalco con los llamados ocho Pueblos del Monte, de está manera se decretó como Cabecera el poblado de San Jerónimo, Amanalco, estableciéndose ahí el Cabildo de Indios, cuya organización administrativa contemplaba la figura de un alcalde, cuatro regidores y dos mayordomos.

Un remedo de ayuntamiento donde preexistía un vinculo entre el poder civil y religioso, característico de la época. Perteneciendo primero a la Provincia de México[1], y desde 1786 a la Intendencia de México[2], y a partir de 1824 al Estado de México.

En el sector económico, las haciendas asumen el control de esta sección. Estas se formaron con las tierras de los indígenas quienes al no poseer títulos de propiedad les eran arrebatadas, de está manera el mismo encomendero de Zinacantepec Juan de Samáno creo la hacienda de la Gavía[3], donde quedaron incluidas las tierras, los bosques, las aguas he incluso los poblados de Amanalco.
 
 
 
 
Hacienda de la Gavia

Aunque en 1604 a petición de los pueblos de Amanalco el virrey Juan de Mendoza y Luna ordeno a la Gavía respetar los caseríos y las tierras utilizadas por los indígenas, aún así la mayoría del territorio, siguió en manos de la hacienda hasta mediados del siglo XX, sujetas a la explotación agrícola, ganadera y forestal.

En tanto la población nativa asumió el pago de tributos en especie y en servicio personal con la autoridad civil y eclesiástica. En especie pagaban con maíz, pulque y productos del bosque; y en servicio personal con alquiler de faena (obras públicas) y alquiler forzoso remunerado (servicio a particulares). 

 

[1] Se entiende como el conjunto de naturales sometidos a la tutela de un particular conquistador o poblador, quien se beneficiaba con  el trabajo y el tributo de sus encomendados. A cambio de esta gracia, el encomendero se comprometía con la Corona Española a mantener casa poblada, contribuir con  la evangelización y estar presto  con sus  armas en caso de enfrentamiento bélico.


[1] Integrado por las provincias de Teltlalpan, Meztitlán, Xilotepec, Pánuco, Matalcingo, Zultepec, Texcoco, Chalco, Suchimilco, Tlaluic, Coyxca y Acapulco.

[2] Integraba a los actuales Estados de Hidalgo, Morelos, Guerrero y México.

[3] Latifundio de 64,500 ha. Propiedad original de Juan de Samano, encomendero de Zinacantepe, en 1636 fue subastada por Benita Cesati viuda de Samanao y fue adquirida por Pedro Jiménez de Cobos, que era correo Mayor de México, y la vendió después a la Compañía de Jesús. En 1763 son expulsados los Jesuitas y pasó a ser propiedad de Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, que a su vez dejó en herencia a su hijo el Marqués de San Cristóbal (que nunca vivió en México). Después perteneció a don Antonio Riba y Cervantes, siendo afectado totalmente en el reparto de tierras que efectuó Cárdenas (Gob. Del Edo. de Méx., 1972: 14).

 
 
 
 
 
Gerardo Colín
 
 
 
 
 
Transparencia

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
       
                    

 
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