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Siglos XIX y XX
Al iniciarse el siglo XIX, la población más oprimida estaba constituida por los indígenas, desposeídos de la mayor parte de sus tierras, se les prohibía el ejercicio de las artes y oficios, excluidos de empleos y cargos públicos, del comercio y la industria, tan solo eran peones porque apenas si se les consideraba seres humanos. La situación prácticamente insoportable para ellos generó el deseó por una profunda reforma social, por eso al iniciarse el Movimiento de Independencia, la población indígena de Amanalco reclamo las tierras que les arrebatara la hacienda de la Gavia y secundaron la insurrección, poniéndose a las ordenes de los insurgentes don Tomás y don Mariano Ortiz,comisionados por su pariente el cura Miguel Hidalgo para incursionar por nuestra región (Velázquez, 2007: 31).
Decidido el virrey Venegas a terminar con los brotes revolucionarios, designo al realista Juan Bautista de la Torrepara limpiar la zona de insurgentes, quien irrumpió en Amanalco el 13 de marzo de 1811, no encontrando resistencia porque la gente había huido; pero el 31 del mismo mes y año la población los ataco desde las montañas que rodean el pueblo, y aunque fueron derrotados por los de la Torre, los indígenas de Amanalco continuaron apoyando la causa de las tropas insurgentes, como las de Ignacio López Rayón y luego las de Pedro Ascencio de Alquisiras, hasta la independencia de nuestro país en 1821 (García, 1986: 34).
Sin embargo la trasformación solo fue en el plano político, porque las condiciones de los indígenas se mantuvieron, ya que la constitución de 1824 no habían cumplido con la anhelada reforma social; aún así Amanalco se pronunció a favor del Plan de Ayutla en 1854, y defendieron las Reformas Liberales encabezados por el cura Ignacio Becerra por el cual el general conservador José María Cobos con el lema “religión y fueros”, tomó y saqueó Amanalco en 1857 (Enciclopedia de los Municipios de México: Valle de Bravo, 2005: 4).
La inconformidad del pueblo se acentuó durante la dictadura de Porfirio Díaz; y aún más debido a la Ley Lerdo sobre Terrenos Baldíos y Nacionales (desamortización de los bienes de las corporaciones civiles) que reincidió una ves más en los indígenas, que sufrieron toda clase de despojo de tierras, que en su mayor parte pasaron a formar territorio de haciendas, creándose un sistema similar para los trabajadores al que existía en la colonia, con las tiendas de raya y las deudas de generación en generación (Delgado de Cantú, 1995: 555).
Es por eso que al iniciarse la Revolución Mexicana, algunos se pronunciaron a favor del Plan de San Luis, encabezados por el ranchero Don Andrés Fabila Guzmán, que emprendió una campaña en 1910 con carteles donde se leía: “Por la justicia del pueblo, Sufragio Efectivo, No reelección, para Presidente de la República: Francisco I. Madero, para Presidente Municipal: Placido Ocharan. Anatema al Iscariote de Tuxtepec, abajo los científicos, mueran los caciques” (Fabila, 1946:158).
Antigua Fotografía de Adelitas en un desfile en la Villa de Amanalco en los años 50´s
(Archivo Histórico del Municipiode Amanalco). |
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Otros más se sumaron a grupos revolucionarios como los Zapatistas, de entre quienes destaco el Otomí Luís León Colín, oriundo del Rincón de Guadalupe, con la quimera de cambiar la subyugante realidad.
Vino el triunfo de la Revolución en 1911 y los opresores se agazaparon, asumiendo al poder los insurrectos; pero continúo el mismo escenario socioeconómico y la agitación política nacional desenlazó en la Decena Trágica en febrero de 1913, cuando Huerta mediante un golpe de estado tomó la presidencia de la República Mexicana y asesino a Madero. Entonces los viejos caciques de Amanalco resurgieron, y en revancha señalaron a los traidores ante los pelotones de soldados rurales, que los reclutaron violentamente a principios de 1914, argumentando que aquellos individuos por pretender sublevarse, ahora servirían a la nación ante la amenaza inminente de una intervención estadounidense. En represaría, los indígenas encabezados por León Luis Colín, aprehendieron y ejecutaron a los considerados enemigos comunes del pueblo: alcalde, recaudador de rentas y caciques (Fabila, 1946: 160- 165).
Para entonces la Revolución Mexicana ya había emprendido la batalla contra Huerta, avanzando en dos frentes definidos, por el norte el Ejército Constitucionalista de Carranza basado en el Plan de Guadalupe, y por el sur el Ejército Libertador de Zapata defendiendo el Plan de Ayala.
Con la derrota inminente, el Usurpador demitió en julio de 1914, y tomó la presidencia Venustiano Carranza. Sin embargo no fue reconocido por las facciones revolucionarias zapatistas, desatándose la lucha por el poder entre los carranzistas (carranclanes), y los zapatistas (pronunciados) por todo el centro del país.
Ante tal escenario, Amanalco se había convertido durante esta época en crucero de revolucionarios, por donde paso Limón el zapatista, Morales, Sámano, Ángeles el pelón, Genovevo de la O, Emiliano Zapata y con él los surianos, entre otros. Entonces el gobernador carranzista del Estado de México, Pascual Morales, a inicios de 1916 mando un regimiento federal permanente a la Cabecera Municipal para proteger a la población de tales incursiones y colaborar con la represión de los zapatistas.
El día 24 de marzo de 1916, los carranzistas atacaron los campamentos zapatistas ubicados en las montañas, como Capilla Vieja y Corral de Piedra. Pero los revolucionarios los hicieron retroceder hasta el Templo de San Jerónimo que usaban como cuartel, luego huyeron ante la ofensiva de los rebeldes encabezados por Carmen Esquivel, Patricio Castillo y Martín Linares; pero de manera equivocada creyeron que los amanalquenses eran seguidores de Carranza, entonces desataron su furia asesinando a la gente y destruyendo con fuego a la Villa de Amanalco de Becerra y pueblos cercanos, que quedaron despoblados y en cenizas. Sarcásticamente cientos de amanalquenses que pelearon durante siglos por la restitución de sus tierras, fueron asesinados a manos de rebeldes que luchaban por la misma causa (Fabila, 1946: 168 -169).
Suceso que provoco el éxodo de muchos de los sobrevivientes hacia Donato Guerra, Toluca, Valle de Bravo, Villa de Allende, Villa Victoria, y Zitácuaro; y afectó para siempre la ruta comercial Toluca – Tierras Costeras, efectuada vía Camino Real Toluca –Amanalco – Valle de Bravo, y de ahí hacia los Pueblos Abajeños y Costeños desde la época de la Colonia; siendo Amanalco y Valle de Bravo puntos estratégicos de mesones y comercios para los viajeros que transitaban las mercancías.
Posteriormente, el Estado de México fue sacudido por la Cristiada (1926 a 1929), y se vivió una enorme inestabilidad en la entidad que reconoció en marzo de 1928 el gobernador Riva Palacio, y declaro inexistente el gobierno municipal de Amanalco de Genaro Peña argumentando que la población católica simpatizaba con los cristeros; pero careciendo de argumentos la sanción fue derogada inmediatamente (Jarquín, 2007:114).
No obstante, y a pesar de las desgracias, la población continúo exigiendo el cumplimiento de las demandas sociales, como justicia social y el reparto de tierras; y aunque fueron plasmadas en la Constitución de 1917, la lucha agrariapersistió hasta su cumplimiento; y fue durante el gobierno de Pascual Ortiz Rubio (1930 - 1932), Abelardo L. Rodríguez (1932 - 1934), y Lázaro Cárdenas del Río (1934 - 1940) cuando la mayoría de las tierras de los otomíes de Amanalco, que habían sido despojadas por la hacienda de la Gavia desde mediados del siglo XVI, les fueron restituidas y se inicio en el municipio la conformación de ejidos, que bajo resolución presidencial positiva se les doto a 13 pueblos, y mas tarde se concedieron 6 núcleos comunales (véase tabla I). |
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TABLA I. EJIDOS Y COMUNALES |
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PREDIOS |
FECHA DE RESOLUCIÓN PRESIDENCIAL POSITIVA |
SUPERFICIE |
EJIDATARIOS/
COMUNEROS |
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Ejido San Jerónimo |
06-03-1931 |
1,932.00 |
139 |
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Ejido El Capulín |
06-10-1932 |
1,690.00 |
226 |
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Ejido San Juan |
29-12-1933 |
1,116.38 |
74 |
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Ejido Agua Bendita |
29-12-1933 |
2,218.56 |
72 |
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Ejido El Potrero |
06-01-1934 |
1,780.40 |
106 |
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Ejido San Bartolo |
17-02-1934 |
1,535.00 |
144 |
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Ejido Rincón de Guadalupe |
03-03-1934 |
654.41 |
90 |
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Ejido San Lucas |
31-03-1934 |
764.15 |
88 |
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Ejido San Miguel Tenextepec |
20-03-1935 |
681.30 |
142 |
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Ejido Villa de Amanalco de Becerra |
10-12-1935 |
1,059.00 |
49 |
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Ejido San Mateo |
04-05-1936 |
764.00 |
130 |
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Ejido Corral de Piedra |
25-03-1947 |
183.26 |
29 |
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Ejido Capilla Vieja |
12-08-1992 |
165.00 |
33 |
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Bienes Comunales San Miguel Tenextepec |
02-02-1981 |
556.92 |
118 |
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Bienes Comunales San Juan |
10-07-1982 |
472.06 |
240 |
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Bienes Comunales Rincón de Guadalupe |
25-03-1993 |
577.86 |
176 |
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Bienes Comunales San Mateo |
13-02-2002 |
1,467.29 |
196 |
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Bienes Comunales San Bartolo |
1992 |
1,050.00 |
342 |
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Bienes Comunales San Sebastián Grande |
En proceso |
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Ante tales circunstancias la destruida Villa de Amanalco de Becerra fue reconstruida poco a poco por los escasos sobrevivientes que regresaron a habitarla, y luego recibió en el año de 1945 ayuda de la Misión Rural que dirigiera el profesor Alfonso Fabila Montes de Oca, quien impulso la restauración de la Cabecera Municipal bajo las pautas de su típica arquitectura campirana colonial, estilo que perdura y que le valió el titulo de Pueblo con Encanto del Bicentenario en el año 2010.
Es importante mencionar que geográficamente el municipio esta inmerso en la denominada Cuenca Hidrológica Valle de Bravo –Amanalco, por tal motivo primero fue tributaria de agua del Sistema Hidroeléctrico Miguel Alemán de 1947 a 1971, y después del Sistema Cutzamala a partir de 1972 a la fecha. |
Mayor de México, y la vendió después a la Compañía de Jesús. En 1763 son expulsados los Jesuitas y pasó a ser propiedad de Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, que a su vez dejó en herencia a su hijo el Marqués de San Cristóbal (que nunca vivió en México). Después perteneció a don Antonio Riba y Cervantes, siendo afectado totalmente en el reparto de tierras que efectuó Cárdenas (Gob. Del Edo. de Méx., 1972: 14).
En su documento que hicieron publicar el año de 1869 los vecinos de Sultepec
hablaba de que en dicha población nacieron don Mariano y don Tomas Ortiz
Costilla, hijos de don José Ortiz y doña María Costilla, quien era hermana
carnala de don Cristóbal Hidalgo Costilla, oriundo de Tejupilco, y quien fue
padre de Miguel Hidalgo Costilla, por eso era primo de don Mariano y don Tomas,
y fueron llamados por sus enemigos “nepotes del cura Hidalgo”.
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Gerardo Colín |
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Transparencia
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